Cuento de Goyo
Goyo el hombre de triste figura
Amaneció Goyo en el rotoplast de la tienda de don chuchin una mañana de febrero, estaba totalmente perdido de si mismo y con un terrible dolor de cabeza, no podía dejar de pensar en lo hecho la noche anterior que lo obligo a pasar la noche casi sin dormir en aquel tinaco. Algo de lo que nunca se hubiese creído capaz de hacer, claro esta todo era culpa de una sola persona, aquella persona que permanecía constantemente en sus pensamientos haciendo a un lado todos los demás, Dulcinea.
Ya en la tarde en la incomodidad de su casa y digo incomodidad por que pareciese que en la casa había pasado un huracán, le habló su amigo “el crazy” quien muy preocupado le pregunto como es que se las había arreglado para escapar de la patrulla que lo perseguía por robar una joyería, a lo que goyo no dio muchos detalles y esto preocupó mucho más al crazy y comenzó a sermonear a goyo y a aconsejarle el que se olvide de una vez de Dulcinea ya que desde que ella apareció su vida es un desastre, pero Goyo se hacía el que no escuchaba, estaba quedando loco.
Alrededor de las 8 de la noche al ir a ver a Dulcinea solo se topó con una nota que decía así: “Salí al antro con mi amiga Maritormes y no me llevé mi celular, háblame mañana por cierto ¿ya me compraste aquella gargantilla que vimos en la joyería del centro? Te veo luego, te quiero”. Todo esto no le sorprendió a goyo pero aún así no pudo evitar una enorme tristeza y dolor, y a pesar de saber que todo lo que el crazy le decía era cierto simplemente le resultaba imposible el solo pensar en nunca probar otra vez aquellos labios de miel aunque solo sea pocas veces.
Para tratar de no pensar en lo de esa noche le habló al crazy para ir a tomar una copa, quién accedió sin reproches. Ya en el bar trataron de no tocar el tema pero para Goyo era imposible el no hablar de dulcinea, y todo esto los llevó entre copas a una fuerte discusión por lo que Goyo salió enfurecido del bar, no quería saber nada de la vida decidió el rendirse de una vez por todas, llegó a pasarse cinco luces rojas pero el era un tipo con mucha suerte y con muy poca. Por fin se calmó y se resignó a regresar a su casa a seguir con su tortura pero de repente un vehiculo rojo lo impactó en la cola de su auto, lo que lo hizo girar y girar aunque afortunadamente no dio impacto con nada mas hasta detenerse, salió del auto muy desorientado en dirección al otro auto el cual se había impactado de frente contra un semáforo, Goyo oía gritos y gritos pero al llegar al auto solo vio a un joven quien indicó con desesperación estar atorado pero en buen estado y que por favor salvara a su novia que estaba del otro lado, grande fue la sorpresa Goyo al ver que la susodicha novia era su amada Dulcinea quien tenía la cara ensangrentada y agonizando, al reconocer Dulcinea a Goyo le dedicó sus últimas palabras “Tu me mataste y ni siquiera me regalaste aquella gargantilla” y después expiro, Goyo Sintió una tristeza que parecía infinita, regresó a su vehiculo saco un puñal que tenia de la caja de herramientas y sin pensarlo se corto el cuello de un tajo.
Ahí acabó Goyo en el suelo a media calle muerto y con una gran tristeza, dejando a todos sus amigos una lección clara. Nunca entregarse por completa otra persona
